Poesía y Teatro en España: De la Guerra Civil a la Democracia

Contexto: Guerra Civil y Dictadura

El estallido de la Guerra Civil Española (1936-1939) y la posterior dictadura de Francisco Franco (1939-1975) influyeron profundamente en la cultura española. Muchos escritores fueron forzados al exilio, donde desarrollaron su obra con un tono nostálgico y, en ocasiones, crítico. Poetas como Rafael Alberti, Luis Cernuda, León Felipe y Juan Ramón Jiménez plasmaron su visión desde el extranjero, mientras que dramaturgos como Alejandro Casona escribieron sobre España sin poder regresar.

Años 40: Poesía Arraigada y Desarraigada, Teatro Comercial

Dentro del país, la censura impuso severas restricciones a la libre expresión, afectando especialmente al teatro. En los años 40, la poesía se dividió entre los autores arraigados, que exaltaban valores tradicionales y publicaban en revistas como Escorial y Garcilaso, y los desarraigados, quienes reflejaban un mundo de angustia y desesperación. Entre los primeros destacaron Luis Rosales, Dionisio Ridruejo y José García Nieto; entre los segundos, Dámaso Alonso (Hijos de la ira) y Vicente Aleixandre (Sombra del paraíso).

El teatro de esta década fue predominantemente comercial y carente de crítica social. Las comedias burguesas, destinadas a una clase acomodada afín al régimen, fueron cultivadas por autores como Víctor Ruiz Iriarte y Edgar Neville. Por otro lado, el teatro de humor, con influencias del surrealismo, tuvo exponentes como Enrique Jardiel Poncela y Miguel Mihura (Tres sombreros de copa).

Años 50: Literatura Social

En los años 50 surgió una corriente de literatura social que, dentro de los límites impuestos por la censura, intentaba denunciar la realidad española. En poesía destacaron Blas de Otero (Pido la paz y la palabra) y Gabriel Celaya (Cantos iberos), con un estilo directo y sin adornos. En el teatro sobresalieron Antonio Buero Vallejo (Historia de una escalera), quien también escribió tragedias históricas como Las meninas, y Alfonso Sastre (La mordaza), quien sufrió numerosas dificultades con la censura.

Años 60: Experimentación y Nuevas Generaciones

Durante los años 60, la literatura española se acercó más a las corrientes europeas y americanas, adoptando un estilo más experimental. En poesía destacó la llamada Generación del 50, integrada por Jaime Gil de Biedma, Ángel González y Claudio Rodríguez (Don de la ebriedad). El teatro evolucionó con una mayor importancia de lo escenográfico y la influencia del teatro del absurdo, con figuras como Francisco Nieva y Fernando Arrabal (El cementerio de automóviles). También emergió Antonio Gala con dramas y comedias sentimentales como Anillos para una dama.

Años 70: Innovación Teatral y Poesía Novísima

La experimentación teatral continuó en los años 70 con la aparición de compañías innovadoras como Els Joglars y Els Comediants. En poesía, los Novísimos introdujeron una estética elitista y llena de referencias culturales, influenciada por el cine y la cultura pop. Entre sus principales exponentes estuvieron Pere Gimferrer (Arde el mar), Guillermo Carnero y Ana María Moix.

Transición y Democracia (Desde 1975): Nuevas Voces

Con la llegada de la democracia en 1975, desapareció la censura y se multiplicaron las editoriales y compañías teatrales, permitiendo el surgimiento de numerosos autores. En poesía, a partir de los años 80, se impuso la corriente de la poesía de la experiencia, caracterizada por su lenguaje sencillo y cercano a lo cotidiano. Luis García Montero (Completamente viernes) es su principal exponente, junto con Carlos Marzal, Luis Alberto de Cuenca, Elena Medel y José Luis Rey.

El teatro, por su parte, abordó temáticas más diversas, como la libertad sexual, la política y la historia reciente. Entre los dramaturgos más importantes de las últimas décadas destacan José Luis Alonso de Santos (Bajarse al moro), José Sanchis Sinisterra (¡Ay, Carmela!), así como Paloma Pedrero y Juan Mayorga (La tortuga de Darwin), quienes han consolidado el teatro contemporáneo español.


El Arte Barroco: Poder, Fe y Espectáculo (Siglos XVII-XVIII)

Contexto y Objetivos

El arte barroco se extiende desde principios del siglo XVII hasta finales del siglo XVIII. Se trata de un estilo que se configuró como una herramienta al servicio del poder, ya sea para la difusión de la fe (Contrarreforma) o la exaltación de las monarquías absolutas. Esto se ve reflejado en un arte que va a dejar atrás el interés científico por el conocimiento de la naturaleza, las propiedades del Renacimiento y el orden, para desarrollar una estética efectista, teatral y escenográfica, cuyo objetivo es convencer, atraer, conmover o impresionar al espectador. En el desarrollo de este estilo tuvo gran influencia la Iglesia contrarreformista nacida del Concilio de Trento.

Características Arquitectónicas

Sus características principales son las siguientes:

  • Los edificios transmiten movimiento. Para ello, se utilizan elementos como los frontones curvos o partidos. La columna salomónica se convierte en uno de los elementos más característicos del Barroco.
  • Las fachadas de los edificios tienen múltiples planos que introducen la modulación y juegos de perspectiva.
  • Se aplican efectos ilusionistas que agrandan visualmente el espacio.
  • Se usa el orden gigante, que sustituye la superposición de órdenes clásica por el empleo de columnas de enorme tamaño que abarcan varios pisos.
  • Se emplean cúpulas de enormes dimensiones.
  • Se utiliza una decoración muy abundante y exuberante.
  • Hay una preocupación por que el edificio destaque en el espacio urbano. Para ello se diseñan enormes avenidas y plazas monumentales.

Evolución y Principales Arquitectos Italianos

Se distinguen dos grandes momentos en la arquitectura barroca italiana:

Primer Tercio del Siglo XVII: Barroco Moderado

En este periodo, el Barroco es más moderado y se encuentra más ligado a la Contrarreforma. Destaca Carlo Maderno (1556-1629), quien dirigió la arquitectura romana por nuevos cauces, distintos de las aportaciones manieristas, dejando una obra monumental y sólida. Se estableció en Roma en 1588. Una de sus primeras obras fue la construcción de la fachada de la iglesia de Santa Susana. También diseñó el Palacio Mattei. En 1603 fue nombrado arquitecto de San Pedro, interviniendo en la nave y fachada de la basílica.

Barroco Pleno (Resto del Siglo XVII)

En este período se puede hablar de un Barroco pleno, más dinámico y decorativo.

  • Gian Lorenzo Bernini (1598-1680): Fue un gran arquitecto, urbanista, escultor y pintor. Nació en Nápoles en el seno de una familia de escultores. A partir de 1624 asumió el encargo del Baldaquino para la basílica de San Pedro del Vaticano. Cinco años después fue nombrado arquitecto de San Pedro, y a partir de ahí realizó la monumental Plaza de San Pedro.
  • Francesco Borromini (1599-1667): Descartó la concepción antropomórfica de la arquitectura, buscando la originalidad y el dinamismo a través de formas cóncavas y convexas. Por esta razón, su obra fue considerada en vida como extravagante y fantástica. Entre sus obras destaca la iglesia romana de San Carlo alle Quattro Fontane (San Carlos de las Cuatro Fuentes). También intervino en obras como el Oratorio de San Felipe Neri.
  • Guarino Guarini (1624-1683): Nació en Módena y formó parte de la orden de los teatinos, que lo envió a Roma. A su vuelta fue nombrado sacerdote y trabajó como profesor de filosofía. En Turín adquirió fama y reconocimiento por sus obras, entre las que destaca la Capilla del Santo Sudario (Cappella della Sacra Sindone) en la Catedral de Turín, con su compleja cúpula.

Escultura del Renacimiento: Obras Maestras de Miguel Ángel

El David (1501-1504)

La lámina propuesta es una obra artística de carácter escultórico. Se trata del David, ubicada en la Galería de la Academia (Florencia, Italia), y cuyo autor es Miguel Ángel Buonarroti. Es una obra de estilo renacentista (Cinquecento), y su cronología es 1501-1504.

El David de Miguel Ángel es una escultura de bulto redondo, esculpida en un único bloque de mármol blanco de Carrara, lo que permite una apreciación completa desde cualquier ángulo. Se observa un minucioso tratamiento en los cabellos y una cuidada representación de las proporciones del cuerpo humano, siguiendo los principios del canon clásico aunque con ciertas libertades (manos y cabeza ligeramente desproporcionadas para enfatizar la acción y el intelecto). También empleó un meticuloso pulimiento para dotar al mármol de una apariencia lisa y realista, destacando el tratamiento detallado de la piel y la musculatura (terribilità).

La luz juega un papel clave en la obra, ya que las curvas y los volúmenes generan contrastes sutiles que realzan su expresividad y modelado anatómico. Es una representación de la figura humana de David, el joven pastor bíblico que derrotó al gigante Goliat, captado en el momento de tensión previo al enfrentamiento.

El estilo de la obra es naturalista e idealista. El dinamismo de la obra es notable. Aunque la postura sigue el contrapposto clásico (pierna derecha tensa soportando el peso, pierna izquierda relajada, brazo izquierdo flexionado, brazo derecho relajado), la leve torsión del torso y la posición de la cabeza girada hacia la izquierda generan una sensación de movimiento latente y tensión psicológica (momento pregnante). La obra presenta un juego de planos y profundidad que guía la mirada del espectador desde el rostro concentrado hasta la mano que sostiene la piedra.

La escultura transmite una actitud serena pero decidida, de concentración y valor. Esta escultura fue creada durante el Alto Renacimiento, un período caracterizado por el resurgimiento del interés en la cultura clásica y el humanismo. Miguel Ángel recibió el encargo de la obra por parte de la Opera del Duomo para la Catedral de Florencia, pero finalmente fue ubicada frente al Palazzo Vecchio como símbolo de la República de Florencia, que veía en David un emblema de la defensa de la libertad y la fortaleza de la ciudad frente a sus enemigos. Se inspiró en los ideales del arte griego y romano, mostrando un cuerpo proporcionado y atlético, siguiendo los principios de la belleza clásica pero infundiéndole una energía y expresividad únicas.

La Piedad del Vaticano (1497-1499)

La lámina propuesta es una obra artística de carácter escultórico. Se trata de la Piedad, ubicada en la Basílica de San Pedro del Vaticano en Roma, y cuyo autor es Miguel Ángel Buonarroti. Es una obra renacentista (realizada durante su primera estancia en Roma), y su cronología es 1497-1499.

Es una escultura de bulto redondo, tallada en un solo bloque de mármol de Carrara, lo que permite su contemplación desde múltiples ángulos. La obra representa a la Virgen María sosteniendo el cuerpo sin vida de Cristo tras la crucifixión, un tema iconográfico de origen nórdico adaptado a la sensibilidad italiana.

En cuanto a la técnica, destaca el virtuoso tratamiento de los pliegues de las telas del manto de la Virgen, el detallado trabajo en los cabellos y la suavidad de la piel, logrados mediante un minucioso pulimiento que confiere a la superficie un acabado casi translúcido. La luz resbala sobre las superficies pulidas, generando contrastes sutiles que acentúan la delicadeza formal y la profundidad emocional de la composición.

El motivo de la escultura es religioso. La obra combina idealismo y naturalismo. La anatomía de Cristo es representada con gran precisión, mostrando detalles musculares y la caída natural del cuerpo sin vida, mientras que el rostro de la Virgen es idealizado, mostrando una juventud y belleza casi divinas, que simbolizan su pureza virginal. La composición está estructurada en forma piramidal, con la cabeza de María como punto superior, lo que aporta estabilidad y armonía al conjunto. La distribución de los volúmenes, especialmente el amplio ropaje de la Virgen que sirve de soporte al cuerpo de Cristo, crea una profundidad que guía la mirada del espectador a través de la escultura.

La expresión de la Virgen es serena, transmitiendo una tristeza contenida, silenciosa y espiritual, alejada del patetismo habitual en representaciones anteriores del tema. Esta obra fue encargada por el cardenal francés Jean Bilhères de Lagraulas para su tumba en la capilla de Santa Petronila (antigua Basílica de San Pedro). Se convirtió rápidamente en un símbolo universal de compasión, fe y belleza artística.

En el contexto renacentista, la escultura refleja el interés por la anatomía humana, la armonía de las formas y la perfección técnica inspirada en la Antigüedad clásica, pero imbuida de una profunda espiritualidad cristiana.


Figuras Clave del Renacimiento y Manierismo

Filippo Brunelleschi (Arquitectura, Quattrocento)

Filippo Brunelleschi (1377-1446) pertenece a la arquitectura del Renacimiento del siglo XV (Quattrocento). Se le considera uno de los artistas que marcó la ruptura con el Gótico e introdujo el nuevo estilo renacentista en arquitectura. Nació en Florencia, y allí realizó sus obras más importantes. Fue arquitecto, escultor, inventor de máquinas e ingeniero, interesado sobre todo por las matemáticas y la geometría. Introdujo en sus obras las leyes de la proporción y la perspectiva lineal que tomó del estudio de los edificios clásicos romanos. Por eso, en sus obras predominan las líneas rectas, los arcos de medio punto, las columnas corintias y los volúmenes cúbicos y claros, buscando la armonía y la racionalidad. Su obra más famosa es la monumental cúpula de la catedral de Santa María del Fiore en Florencia. Otros edificios construidos por él fueron la Iglesia de San Lorenzo y la Iglesia del Santo Spirito, ambas en Florencia, así como el Ospedale degli Innocenti.

Donatello (Escultura, Quattrocento)

Donatello (c. 1386-1466) pertenece a la escultura del Renacimiento del siglo XV (Quattrocento). Nació en Florencia y es considerado como el escultor más importante de esta época. Trabajó como ayudante de broncista en el taller de Ghiberti y viajó a Roma junto a Brunelleschi, donde estudió la escultura clásica. Las características de su escultura están determinadas por un fuerte realismo, el naturalismo y una gran fuerza emocional y expresiva. Consiguió un perfecto dominio de la anatomía humana, que le permitió representar al ser humano en su belleza y fealdad, en todas las etapas de su vida y con gran profundidad psicológica. Utiliza el schiacciato (relieve aplanado), técnica en bajorrelieve en la que los planos de la composición se aplastan unos con otros, manteniendo escasos milímetros entre ellos para crear sensación de profundidad. Entre sus esculturas destacan el David de bronce (primer desnudo exento desde la Antigüedad), el San Jorge para Orsanmichele, el Gattamelata en Padua y la Magdalena penitente.

Sandro Botticelli (Pintura, Quattrocento)

Sandro Botticelli (c. 1445-1510) pertenece a la pintura del Renacimiento del siglo XV (Quattrocento), aunque su estilo evolucionó hacia una sensibilidad particular. Se formó en el taller del pintor Fra Filippo Lippi y hacia 1470 abrió su propio taller en Florencia, trabajando para la familia Médici. Se le considera un pintor que, aunque formado en el Quattrocento, muestra una línea elegante y melancólica que anticipa ciertas sensibilidades. Fue un gran admirador de la belleza femenina idealizada, por eso dotó a sus figuras de una gracia singular, de cuerpos sinuosos, casi etéreos, y de largas cabelleras ondulantes. Además, las vistió a menudo de finas gasas, dejando traslucir su anatomía con delicadeza. También tiene un papel importante el paisaje en sus obras, a menudo estilizado y simbólico. Su técnica destaca por la calidad del dibujo, de trazos curvilíneos y fluidos, y por la sensación de gracia y armonía que transmite. Fue uno de los primeros pintores renacentistas en recrear a gran escala temas mitológicos de la Antigüedad clásica, imbuídos de significados neoplatónicos. También pintó temas alegóricos y religiosos, especialmente en su última etapa, influido por Savonarola. Entre sus obras de temática mitológica destaca El nacimiento de Venus y La Primavera.

Jan van Eyck (Pintura Flamenca, Siglo XV)

Jan van Eyck (c. 1390-1441) es el máximo representante de la pintura gótica flamenca del siglo XV. Fue pintor de cámara de Felipe el Bueno, duque de Borgoña, para quien realizó misiones diplomáticas en España y Portugal. A él se debe el perfeccionamiento de la pintura al óleo, mezclando pigmentos con aceite de linaza, lo que permitía un secado más lento y la aplicación de capas transparentes (veladuras). El resultado final es más brillante, detallista y realista; permitiendo ejecutar transparencias, veladuras y desarrollar el paisaje con gran minuciosidad. Van Eyck intentó reflejar la realidad tal y como la percibe el ojo humano, dándole una importancia primordial a los detalles minuciosos (calidades de las telas, objetos, reflejos) y a la representación convincente del espacio tridimensional. Su perspectiva, aunque no basada en un sistema matemático único como la italiana, lograba gran profundidad mediante aspectos lumínicos y atmosféricos tratados de manera intuitiva y empírica (perspectiva atmosférica). Entre sus obras destaca El matrimonio Arnolfini y el políptico de La adoración del Cordero Místico en Gante.

Leonardo da Vinci (Pintura, Cinquecento)

Leonardo da Vinci (1452-1519) pertenece a la pintura del Renacimiento del siglo XVI (Cinquecento), siendo una figura cumbre del Alto Renacimiento. Es considerado por la historiografía como uno de los grandes genios de la humanidad por su polifacética actividad como pintor, escultor, arquitecto, músico, científico, inventor e ingeniero. Para él, la pintura era una actividad intelectual (cosa mentale) destinada a reproducir la realidad, y la misión del artista era plasmarla fielmente por medio del estudio riguroso del ser humano (anatomía, expresiones) y de la naturaleza que le rodea (botánica, geología, óptica, atmósfera). En sus obras emplea magistralmente la técnica del sfumato, basada en la difuminación sutil de las formas y de los colores, envolviéndolo todo como en una neblina atmosférica; aplicaba en los fondos colores fríos y apenas marcaba los contornos, dándole a sus cuadros una sensación aterciopelada que funde figura y ambiente de manera misteriosa y psicológica. Entre sus obras pictóricas destacan La Gioconda (Mona Lisa), La Última Cena, La Virgen de las Rocas y la Dama del armiño.

El Greco (Pintura Manierista Española)

Doménikos Theotokópoulos, conocido como El Greco (1541-1614), es uno de los pintores manieristas más importantes y originales, desarrollando la mayor parte de su carrera en España, especialmente en Toledo. Su pintura se caracteriza por una evolución estilística marcada:

  • En una primera etapa (italiana y primeros años en España), las figuras son monumentales, por influencia de Miguel Ángel y la escuela veneciana (Tintoretto, Tiziano). El color es rico y vibrante, de herencia veneciana, y la paleta es relativamente cálida, dominada por tonos carmesí, morado y amarillo.
  • En su etapa final (toledana), su estilo se vuelve más personal y expresivo: las figuras adquieren un mayor alargamiento y estilización espiritualizada, aparecen paisajes oníricos y tormentosos (como en Vista de Toledo), y utiliza una gama cromática fría (azules, grises, blancos, amarillos pálidos) y contrastada, con una pincelada más suelta y vibrante. La luz adquiere un carácter irreal y místico.

El Greco realiza sobre todo obras religiosas de gran intensidad espiritual y retratos, centrando la atención en la psicología y el mundo interior del retratado, como en El caballero de la mano en el pecho. También cabe destacar obras complejas como El Expolio, que realizó para la sacristía de la Catedral de Toledo, o El entierro del Conde de Orgaz, considerada su obra maestra.