Conflicto Napoleónico en España y el Nacimiento del Liberalismo Gaditano
La Guerra de la Independencia (1808-1813): Causas, Desarrollo y Consecuencias
La marcha hacia Bayona de la familia real dejó tras de sí un vacío de poder justamente cuando se presentaban unas circunstancias excepcionales, con el ejército del general francés Murat ocupando Madrid. El pueblo abrazó la causa de Fernando VII, a quien llamó el Deseado. El 2 de mayo de 1808 se produjo el primer levantamiento contra Napoleón. La insurrección tuvo un carácter popular, aunque algunos sectores del Ejército (los capitanes Daoiz y Velarde) se sublevaron también. El ejército francés, dirigido por Murat, sofocó el alzamiento y fusiló a todos los combatientes que pudieron ser capturados.
La noticia de las abdicaciones de Bayona contribuyó a la extensión del movimiento por toda España. La posición de las autoridades fue seguir colaborando con las fuerzas de ocupación. El Consejo de Castilla aceptó las órdenes que provenían de Francia y reconoció al nuevo rey, José I Bonaparte.
Primera fase: la revuelta popular
En este período, los soldados franceses se emplearon en sofocar los alzamientos urbanos que se habían extendido por las principales ciudades.
En junio tuvo lugar el sitio de Zaragoza. La ciudad resistió heroicamente bajo el mando del general Palafox, frustrándose de momento los planes franceses.
El hecho más destacado de esta fase fue la batalla de Bailén, donde un ejército francés dirigido por el general Dupont fue derrotado por un ejército español improvisado y dirigido por el general Castaños. La derrota de Bailén tuvo una gran repercusión estratégica y propagandística.
Por primera vez era derrotado un ejército napoleónico en campo abierto, haciéndole 19.000 prisioneros, gran parte de los cuales fueron confinados en la isla de Cabrera, donde perecieron de hambre y de sed.
Segunda fase: el apogeo francés
Esta segunda fase viene determinada por la reacción francesa ante la derrota de la batalla de Bailén. El emperador francés cambió su estrategia hasta el punto de concentrar sus mayores esfuerzos en la recuperación de la península Ibérica.
Napoleón envió la Grande Armée, un poderoso ejército de 250.000 soldados bien entrenados. En cuatro semanas su avance se hizo imparable. Después de conquistar Burgos y Zaragoza, en 1809 José I entraba en Madrid. Sólo Cádiz quedó libre de la ocupación, defendida por la ayuda inglesa.
Lo más decisivo en esta fase fue la guerra de guerrillas, el pueblo en armas, una táctica defensiva que supuso una pesadilla para el ejército francés. Se trataba de pequeñas partidas locales, compuestas por 30 o 50 personas. Muchos de sus miembros eran artesanos, labradores, estudiantes, abogados…, aunque sus dirigentes solían pertenecer a las élites cultas (militares, clérigos…). Las guerrillas hostigaban al ejército por sorpresa, destruían sus instalaciones y asaltaban los convoyes de avituallamiento, sometiendo a los franceses a una presión y desgaste permanentes.
Tercera fase de la guerra
En 1812, el curso de la guerra quedó afectado por la campaña que Napoleón empezó en Rusia y que obligó a retirar a miles de efectivos de la Península. Desde Portugal el duque de Wellington tomó la iniciativa y derrotó a las tropas francesas en los campos de Arapiles (Salamanca). Esta victoria marcó un punto de inflexión en el desarrollo militar de la guerra. José I abandonó Madrid, que fue tomada por Wellington. Era el verano de 1812.
El desastre de la Grande Armée en Rusia, donde pereció de frío la mayor parte de los soldados franceses, decidió también la suerte de Napoleón en la península Ibérica. Las tropas francesas iniciaron el repliegue hacia Francia, llegaron a las cercanías de Vitoria, donde sufrieron otra gran derrota. Con la batalla de San Marcial (1813) se completó el acoso y la derrota del ejército francés, iniciándose a partir de ahí su persecución a través de tierras francesas. La guerra peninsular había terminado.
El 11 de diciembre de 1813, Napoleón firmaba el Tratado de Valençay, por el que restituía la Corona de España a Fernando VII.
Consecuencias de la guerra
Las más destacadas fueron las cuantiosas pérdidas demográficas, estimadas en torno a medio millón de muertos; daños materiales importantes (Zaragoza, o San Sebastián quedaron totalmente destrozadas; económicamente las cosechas fueron arrasadas y los talleres artesanales destruidos; e internacionalmente el conflicto animó los procesos de independencia de las colonias americanas.
Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812
La convocatoria y componentes de las Cortes
La Junta Suprema Central se había mostrado incapaz de dirigir la guerra y decidió disolverse en enero de 1810, no sin antes iniciar un proceso.
Mientras se reunían las Cortes, se mantenía un Consejo de Regencia, formado por cinco miembros que se encargó de organizar una consulta al país sobre las reformas a realizar por las Cortes. Igualmente, se aprobó una propuesta que reconocía la “desastrosa gestión del reinado de Carlos IV”, que había provocado la ruina de España.
En septiembre de 1810 se abrían las Cortes de Cádiz que reunieron a todos los diputados llegados desde los diversos puntos de España en una única asamblea.
Los diputados que acudieron a Cádiz fueron elegidos por provincias. Los 271 representantes estaban compuestos fundamentalmente por clérigos, nobles y otras profesiones liberales.
La Constitución de 1812
El 23 de septiembre de 1810 quedaron constituidas las Cortes de Cádiz. Al día siguiente, los asistentes aprobaron su primer decreto, en el que se declararon depositarios de la soberanía nacional.
Se entendía el concepto de nación como el conjunto de ciudadanos libres, residentes tanto en la península como en los territorios ultramarinos, iguales en derecho, sujetos todos a la misma ley y desprovistos de cualquier forma de privilegios exclusivos de tipo estamental.
El sistema político se sustentó en cuatro elementos fundamentales: división de poderes, Cortes unicamerales, limitación del poder real y el sufragio universal masculino indirecto en cuatro grados. Las mujeres no votaban y los electores no eligen directamente a sus diputados a Cortes, sino a unos representantes que a su vez se encargaban de elegirlos.
La acción legislativa de las Cortes de Cádiz
Además, las Cortes de Cádiz aprobaron una serie de leyes y decretos destinados a eliminar el Antiguo Régimen. Así procedieron a la supresión de los señoríos jurisdiccionales. Tras su abolición, los estamentos privilegiados dejaron de gozar de sus privilegios.
También se decretó la eliminación de los mayorazgos y la desamortización de las tierras comunales.
Una de las cuestiones más importantes fue la abolición del tribunal de la Inquisición.
La otra prioridad de las Cortes de Cádiz residió en la creación de un mercado nacional basado en el establecimiento de los principios liberales. Para ello, se tomaron las siguientes medidas:
- Para posibilitar la libre transferencia de la propiedad se suprimieron los bienes de manos muertas y se abrieron cauces para la desamortización de la propiedad eclesiástica.
- Se abolieron los gremios, y se dispuso el libre establecimiento de fábricas y el ejercicio de cualquier industria.
A su regreso al país, no va a consentir que sus poderes sean recortados por una constitución y por eso sanciona el Manifiesto de los Persas.