Los Niños Perdidos de Laila Ripoll: Drama y Memoria Histórica
Los Niños Perdidos de Laila Ripoll: Un Resumen Detallado
La obra Los niños perdidos de Laila Ripoll es una pieza teatral de carácter dramático que denuncia la represión, el abuso y la manipulación ideológica que sufrieron los niños en los hospicios franquistas de España. La historia se sitúa en un desván oscuro y polvoriento, un espacio simbólico donde cuatro niños huérfanos —Lázaro, Jesusín el Cucachica, El Tuso y El Marqués— sobreviven entre el miedo, la miseria y los recuerdos traumáticos de su infancia arrebatada.
A través del teatro dentro del teatro, el juego infantil y el humor negro, la obra reconstruye la opresión ejercida sobre estos niños por las instituciones del régimen franquista, especialmente por la Iglesia y la Sección Femenina. Ripoll expone cómo la infancia fue sacrificada en nombre de una ideología, despojándolos de su identidad y sometiéndolos a un sistema que les negaba cualquier derecho o afecto.
I. Contexto y Ambientación
La acción transcurre en un desván lúgubre y abandonado, dentro de un hospicio franquista. Este espacio simboliza el olvido y la reclusión forzada de los niños considerados “hijos de rojos”, víctimas de la represión franquista tras la Guerra Civil Española.
Entre los objetos que aparecen en escena —somieres oxidados, muñecos rotos, un sillón de dentista destrozado, imágenes religiosas mutiladas— se refleja la violencia y el abandono que define la vida de los protagonistas. Este escenario se convierte en su refugio, pero también en una prisión donde reviven los abusos sufridos.
II. Personajes Principales
Lázaro: Es el líder del grupo, un niño que ha aprendido a sobrevivir a base de imponer su fuerza sobre los demás. Su carácter rudo y agresivo es una forma de autodefensa en un mundo hostil. Se burla de sus compañeros y ejerce cierta autoridad, pero en el fondo, es un niño que también ha sido víctima del sistema.
Jesusín el Cucachica: Es el más vulnerable y frágil del grupo. Su apodo hace referencia a su tendencia a hacerse pis encima, lo que le ha valido castigos crueles por parte de las monjas del hospicio. Representa la inocencia destrozada por el abuso y la represión.
El Tuso: Es un joven con una discapacidad intelectual leve. Aunque suele ser más tranquilo que los demás, también ha sufrido la violencia del sistema. Su historia revela uno de los momentos más crudos de la obra: fue arrojado al río desde un puente por un grupo de falangistas mientras desfilaban y cantaban himnos franquistas.
El Marqués: Es el más imaginativo y fantasioso del grupo. Se aferra a la creencia de que su madre regresará algún día para sacarlo de allí, aunque en el fondo sabe que eso nunca sucederá. Su personaje representa la negación de la realidad como mecanismo de defensa.
Sor Resurrección: Es la monja que administra castigos en el hospicio. Ciega y fanática, es el reflejo de la brutalidad del régimen franquista. Su discurso está cargado de odio y desprecio hacia los niños, a quienes considera hijos de rojos, condenados por la herencia de sus padres. En un monólogo aterrador, recuerda cómo renunció a su propia madre y abrazó la ideología franquista con fervor.
III. Temas Principales
Infancia robada y violencia institucional: Los niños de la obra han sido arrancados de sus familias y sometidos a un régimen de adoctrinamiento y castigo. Se les niega la identidad, el afecto y la posibilidad de un futuro digno. La violencia física y psicológica es una constante en sus vidas: castigos corporales, hambre, humillaciones y aislamiento forman parte de su cotidianidad.
Adoctrinamiento y represión: El franquismo utilizó a la Iglesia y a la Sección Femenina para inculcar valores ultraconservadores a los niños huérfanos de la guerra. La obra refleja cómo la religión fue usada como instrumento de control, imponiendo un discurso de culpa y sumisión. Sor Resurrección encarna esta ideología represiva. Su discurso está plagado de referencias al pecado, la condena y la necesidad de purificación. Su ceguera simbólica representa su incapacidad para cuestionar el sistema en el que cree ciegamente.
Memoria y olvido: La obra es una denuncia contra el olvido impuesto por la dictadura y el posterior silencio de la sociedad española. La historia de estos niños ha sido relegada al desván de la memoria, al igual que ellos han sido encerrados en un espacio donde nadie los ve.
La repetición de la palabra “olvidar” en los discursos de Sor Resurrección enfatiza el intento del franquismo por borrar la historia de sus víctimas. Sin embargo, la obra de Ripoll busca rescatar esos recuerdos y dar voz a los que fueron silenciados.
IV. Estructura y Estilo
Los niños perdidos combina elementos del teatro documental y del teatro del absurdo. El lenguaje es directo, a veces poético, y las situaciones oscilan entre el realismo más crudo y la farsa.
La obra está estructurada en una serie de escenas que muestran la rutina de los niños en el desván: desde la pelea por un plato de comida hasta los juegos que recrean sus recuerdos y traumas. Esta fragmentación refleja el caos emocional en el que viven los personajes.
El uso del teatro dentro del teatro es una herramienta clave en la obra. A través del juego y la representación, los niños tratan de darle sentido a su historia y, al mismo tiempo, denuncian la realidad que les ha sido impuesta.
V. Conclusión
Los niños perdidos es una obra profundamente conmovedora y necesaria. A través de la voz de cuatro niños olvidados, Laila Ripoll reconstruye un capítulo oscuro de la historia de España: la infancia rota por el franquismo.
Con un lenguaje crudo, irónico y poético, la obra denuncia la deshumanización a la que fueron sometidos los hijos de los vencidos y critica la hipocresía de la sociedad que permitió y justificó estos abusos.
El desván en el que habitan Lázaro, El Marqués, El Tuso y Cucachica es un símbolo del olvido, pero también de la resistencia. A pesar del horror, siguen jugando, soñando y recordando, negándose a desaparecer.
En última instancia, Los niños perdidos es un grito contra el silencio y una llamada a la memoria. Nos obliga a mirar de frente una realidad incómoda y a preguntarnos cuántas historias como estas han sido enterradas por la historia oficial.
Literatura
Los niños perdidos de Laila Ripoll pertenece al teatro contemporáneo español, con influencias del teatro de la memoria y el realismo social. La obra se inscribe dentro de una corriente que busca recuperar y reflexionar sobre la memoria histórica de España, en particular, sobre las víctimas de la Guerra Civil y el franquismo.
Laila Ripoll utiliza elementos del teatro documental y del expresionismo, incorporando recursos como el simbolismo, el lenguaje poético y el uso de diferentes planos temporales para dar voz a quienes fueron silenciados por la historia. Su estilo se vincula con el teatro de denuncia y el compromiso social, en la línea de autores como Alfonso Sastre o José Sanchis Sinisterra.